Es tarde, vuela…

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Estos últimos meses me inspiraron a escribir sobre un tema que es recurrente en mi vida. Hay personas que viven pensando que todo tiempo pasado fue mejor, se estancan en el ayer y no se mueven y siempre quieren volver. Yo no soy de esas. Yo soy todo lo contrario. Y a veces no es nada positivo. Desde mi adolescencia me obsesiono con el futuro. Cuando estaba terminando la secundaria, me quería ir YA y empezar de una vez por todas la facultad. Cuando estaba terminando la facultad ya no aguantaba más para egresar y empezar a trabajar profesionalmente. Ahora que ya estoy en ese punto, no veo la hora de hacer crecer mi negocio. La historia sin fin. Si a esto le sumamos que soy una persona súper ansiosa, la combinación puede ser estresante, por decirlo de forma sutil.
Ojo, tiene sus aspectos positivos. Nunca me quedo demasiado tiempo en el sufrimiento o en las cosas o relaciones que no evolucionan. Chop, chop. Todos los años de mi vida siento que hago avances enormes, que mi vida va hacia un propósito, que la disfruto al máximo, que no me arrepiento de nada porque nunca me quedo con las ganas de intentar nada, salga como salga. Qué sé yo, hay gente a la que le cuesta mucho adaptarse al cambio y sufren por eso. A mí los cambios me generan entusiasmo.

El problema está cuando se vuelve un poquito adictivo necesario. Y hace unos meses tuve un período al que yo le llamé de estancamiento. Trabajo como traductora freelance, lo que implica que el trabajo es client-based, o sea que a veces no hay clientes y por lo tanto, no hay trabajo. Esto para mí es una pesadilla.

Y, como era de esperarse, la frustración llegó. Lo noto cuando empiezo a enojarme por estupideces y discutir con todo el mundo, cuando siento que todo me molesta, casi hasta yo misma. Yo siempre intento ser muy perceptiva y estar atenta a mis emociones. No me gusta vivir “porque el aire es gratis”. Me gusta escuchar lo que mi cabeza, corazón o cuerpo me están diciendo, o al menos intentarlo. Cuando estoy en ese estado, SÉ que algo tiene que pasar, sí o sí, urgentemente, antes de que estalle. Acá es cuando me pregunto, ¿por qué tal necesidad de avanzar?, ¿por qué nunca te permitís relajarte?, ¿por qué te sentís tan culpable si bajás la velocidad de la vida?… Preguntas sin respuesta que quizás algún día sepa responderme. Yo, o un psicoanalista.
En fin, me encuentro con este poema en inglés de Rose Milligan, “Dust if you must”. Oro puro. dust-if-you-must

Es como si le hablara directamente a mi alma, como si lo hubiera escrito yo misma. Lo leo y me dan ganas de ir a correr una maratón o de empezar una nueva carrera en la universidad, o de irme de mochilera por Europa. No sé, me genera mil cosas. Siento que no hay tiempo que perder. Todo el tiempo siento que podría estar haciendo algo mejor con mi tiempo. Y ojo, trabajo mucho, trabajo todo el día, estudié mi carrera en un tiempo relativamente corto, viajé sola varias veces, tengo proyectos, hago ejercicio. Y aún así, esa bendita/maldita sensación de ambición. Siento que quiero vivir mil años, y que aún así no me alcanzaría la vida para experimentar todas las cosas que quiero experimentar y lograr todas las cosas que me gustaría lograr…
Otra obra de arte que me encanta porque me genera exactamente los mismos sentimientos es ésta de Margarita Paska, “Es tarde, vuela”, según Google, hecha en el año 1969.

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Simple y directa. ¡Es tarde!, ¡siempre es tarde!. Volá de una vez por todas. Cortá las cadenas, cortá el cordón y volá. Basta de estar siempre esperando algo. Basta de las malditas excusas repetidas que dan cansancio de solo pensarlas. Dale, apurate, que se te va la vida, despertate, movete, ¡hacé algo más! “Para descansar está la tumba”.

Cabe aclarar que esta forma de pensar y de vivir me jugó malas pasadas, como cuando vivo estresada porque hago tantas actividades y proyectos que no tengo tiempo para dormir, ni siquiera para estar con mi familia o ver a mis amigas. Cada huequito de tiempo lo ocupo con algo. No es así, no está bien, ya lo sé. Quizás sea cosa de la edad, de la juventud (tengo 25). Me encantaría llegar a viejita y tener mil historias que contar, tener la sabiduría de la edad. Pero también ser una viejita súper fuerte y sana que sigue haciendo cosas hasta el último día de su vida. Sé que es demasiado, también cansa de sólo leerlo. Pero así soy y sé que no soy la única, aunque en mi vida veo más personas que tienen el problema opuesto. No me siento 100% segura de que mi forma de vivir sea la correcta, pero todos hacemos lo mejor que podemos con lo que nos toca. Un día a la vez, intentemos ser un poco mejores de lo que fuimos ayer. Mejores personas, mejores trabajadores, mejores estudiantes, mejores viajeros. Mejores hijos, padres o esposos. En algo, aunque sea mínimo, EVOLUCIONEMOS, que para eso es esta vida.

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